27 feb. 2012

RITMO VITAL

No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento, entreabierta, por la que se podían escuchar los acordes de aquella sonata al piano, como una sintonía habitual.
Esa mañana Félix, empujado por la curiosidad, se acercó hasta el resquicio para asomarse y poder ver a la persona que ejecutaba con magia y precisión la pieza. Entonces, la música cesó. La puerta se cerró de un empujón y él, reaccionando por el susto y su imprudencia, se alejó rápidamente.
Desde aquel día, Félix sale de su piso caminando al compás de una melodía proveniente de los altavoces que lleva acoplados a sus orejas. Al compás, aunque lleve el reproductor apagado.

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